José Miguel Pérez da 'ejemplo' en la lucha contra el cambio climático
EL PRESIDENTE
Y SU ‘HÍBRIDO ECOLÓGICO’
Arturo Inglott - Canarias-semanal.com
Incapaz de disimular su satisfacción, José Miguel Pérez, presidente del Cabildo grancanario, posaba hace unos días ante los medios de comunicación, junto a uno de los dos flamantes Lexus LS 600h que Toyota Canarias les ha cedido gratuitamente a él y a su vicepresidente, Román Rodríguez, para que los utilicen como vehículos oficiales. La prensa local destacaba el hecho de que se trata de un "coche ecológico", y el presidente de la empresa donante "valoró que la corporación insular quiera dar ejemplo con el uso de este coche limpio y concienciar de la necesidad de combatir el cambio climático". Pero, verdaderamente - se pregunta nuestro colaborador Arturo Inglott -, ¿es éste un ejemplo de las políticas que permitirían frenar el calentamiento global del planeta? ¿Se puede combatir el cambio climático potenciando el uso del transporte privado?
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Incapaz de disimular su satisfacción, José Miguel Pérez, presidente del Cabildo grancanario, posaba el miércoles 12 de septiembre ante los medios de comunicación junto a un flamante Lexus LS 600h -un coche valorado en 120.000 euros- y al presidente de Toyota Canarias, Ángel Ferrera. Dicha empresa ha decidido ceder gratuitamente dos de estos ostentosos automóviles de "gama alta", para que Pérez y su vicepresidente, Román Rodríguez, los utilicen como vehículos oficiales.
El hecho que centró el interés de la prensa no fue, sin embargo, el enorme valor del obsequio que la patronal del automóvil realiza a los políticos del PSOE y NC. Probablemente porque, a estas alturas, semejantes intimidades entre empresarios y gestores de lo público no sorprenden a casi nadie
lo público no sorprenden a casi nadie. Lo noticiable para los medios locales fue, exclusivamente, aquello que los protagonistas del evento quisieron publicitar. El carácter supuestamente “ecológico” de la adquisición de José Miguel Pérez que, según destacaba el rotativo La Provincia, “utilizará el primer coche híbrido de alta gama”. Estos automóviles híbridos poseen dos motores, uno eléctrico y otro de gasolina, por lo que reducen su emisión de CO2 considerablemente siempre que se conduzcan a bajas velocidades. Cuando precisan una mayor potencia, por ejemplo durante un adelantamiento o en la conducción por autopistas, ambos motores funcionan conjuntamente, produciendo más contaminación atmosférica y aportando su correspondiente grano de arena al calentamiento global. Aunque, eso sí, un grano de arena "más chiquitito".
Durante el acto de entrega del Lexus oficial, el presidente de la empresa automovilística Toyota Canarias “valoró que la corporación insular quiera dar ejemplo con el uso de este coche limpio y concienciar de la necesidad de combatir el cambio climático”, al tiempo que aprovechó, obviamente, para cantar las excelencias de la marca que representa, y que le ha permitido convertirse en uno de los personajes con más millones de euros de la isla.
El discurso de Ángel Ferrera, desde luego, no es original. Con una considerable capacidad para la innovación, los fabricantes de automóviles de todo el mundo se han incorporado a la "moda verde”, dispuestos a sacar tajada del cambio climático que tanto han contribuido a producir. Su aportación a la lucha contra este fenómeno vendría dada -dicen- por la incorporación de nuevas tecnologías - el propio Ferrera ya anunció la próxima aparición de un coche totalmente eléctrico -, con las que, supuestamente, podrían reducirse lo necesario las emisiones de gases de efecto invernadero. El planteamiento empresarial se entiende plenamente desde la perspectiva de una industria que, por supuesto, atiende exclusivamente a sus beneficios. Sin embargo, este nuevo discurso pseudo ecologista que han comenzado a esgrimir las multinacionales más depredadoras se basa en la irracional creencia de que es factible mantener un crecimiento ilimitado de la producción, salvando al planeta de la crisis medioambiental que éste provoca gracias a la “técnica”. Así, en los últimos tiempos, y como nueva estrategia publicitaria, los vendedores de automóviles nos conminan a que desechemos nuestro viejo y contaminante coche, y lo sustituyamos por un nuevo modelo mucho más “ecológico” que, igualmente, habría que condenar al desguace dentro de un par de años, para adquirir la última novedad en “automóviles sostenibles”.
Los apologetas de esta destructiva espiral obvian deliberadamente que la construcción de estos millones de coches -por más “limpios” que lleguen a ser - requiere un uso creciente de materias primas, cuya extracción también exige más energía; implica costosos y contaminantes procesos de producción de componentes, con más utilización de energía; y la acumulación y tratamiento de cantidades ingentes de residuos y chatarra que amenazan con convertir el medio ambiente en un gigantesco estercolero. Además de suponer, y nunca estuvo más justificada la redundancia, un nuevo consumo de energía.
Hace ya algunos años, el presidente cubano Fidel Castro utilizaba un contundente ejemplo para significar
José Miguel Pérez y Ángel Ferrera junto al nuevo y deslumbrante coche oficial. Pinche sobre la fotografía para verla ampliada
la locura en la que nos hayamos inmersos. ¿Qué sucedería si los 1300 millones de chinos imitaran el modelo de vida americano (podría leerse también “occidental”)? ¿Qué ocurriría si todos ellos aspirasen a poseer, en su núcleo familiar, dos o tres coches?
La evidente incapacidad del Planeta para sostener este modo de vida -incluso sin la creciente demanda china - no nos hace albergar ninguna esperanza de que un sistema económico basado en la lógica de la acumulación sea capaz de "autorregularse" . Pese a ello, problemas concretos, como los de la insalubridad provocada en las grandes ciudades por un modelo de transporte basado fundamentalmente en el automóvil privado, pueden y deben ser atajados. En el Estado español, no obstante, ninguna Administración con competencias para hacerlo parece tener intención de tomar cartas en el asunto.
Por si la situación actual no fuera lo suficiente preocupante, el Gobierno central del PSOE - lejos de proyectar una red de transportes colectivos verdaderamente “limpios” y eficaces, que podrían satisfacer plenamente las necesidades de movilidad de los ciudadanos con un ahorro sustancial de recursos y mejorando su calidad de vida - ha decidido continuar incentivando la utilización de los coches privados. El Ejecutivo de José Luís Rodríguez Zapatero facultará a las comunidades autónomas para que concedan ayudas a particulares, con cargos a fondos propios, de hasta 6000 euros para la compra de “coches ecológicos”. Esta disposición, incluida dentro de sus "22 medidas prioritarias para el Ahorro y la Eficiencia Energética", fue anunciada por el ministro de Industria, Turismo y Comercio, José Montilla, el jueves 13 de septiembre.
No hace falta ser un lince para apercibirse de que la visita del presidente del Cabildo grancanario a las instalaciones de Toyota, un día antes del citado anuncio, no fue una mera casualidad, sino que, por el contrario, correspondió a la pauta marcada por sus superiores. Tampoco son casuales las manifestaciones del potentado Ángel Ferrera que, entre foto y foto, dejó caer que la venta de un coche tan "limpio” como el que regalaba a la corporación cabildicia bien merecía unos generosos "incentivos" oficiales.
Pero, aunque el acto institucional de José Miguel Pérez pueda encuadrarse a la perfección en los peculiares planes “ecológicos” de su formación política, pocas veces el Presidente habrá cumplido con su “deber” con más placer que en esta ocasión. La lujuria que destilaba su mirada al contemplar su lujoso “híbrido de paquete”, y que captaron indiscretamente las instántaneas aparecidas en la prensa, así lo atestigua.