Estrategias y movimientos: nadie abandona un camino si no tiene a la vista otros no sólo posibles sino además viables
El gas natural ya está en Canarias. No es una hipótesis del futuro, sino un hecho: las centrales de Granadilla y Tirajana ya han sido transformadas al ciclo combinado y quemarán fuel hasta que se traiga el gas. Simplemente, mientras el gas no llega, se quema fuel. La disponibilidad de buques gaseros y los acuerdos de abastecimiento con terceros países ya están concertados por Endesa; de hecho, estos buques ya hacen escala en puertos canarios. Los estudios previos para la edificación de las regasificadoras ya han sido encargados. Incluso los planes de ampliación de la autopista y del aeropuerto Reina Sofía ya tienen en cuenta los espacios para los gaseoductos hasta Santa Cruz. En octubre se pronuncia la Unión Europea sobre Granadilla, expediente del que Arinaga también forma parte. La coalición contra el gas tenía que haber existido mucho antes para impedir la transformación de las centrales y provocar un cambio de estrategia energética. La estrategia gasista comenzó en Canarias hacia 1992, con la creación de una Comisión de Estudio. Ahora es tarde.
Discutir gas sí o gas no a estas alturas es irrelevante, porque ya se nos ha impuesto. Por más que nos gustaría que esto no fuera así, ahí está. Canarias tiene unos índices de emisiones contaminantes que están entre los mayores de la Unión Europea, y tiene una moratoria de unos pocos años en la aplicación de sanciones por la aplicación del Protocolo de Kyoto, una demora que se ha justificado por la dificultad para introducir el gas natural.
Independientemente de lo que pensemos, todas las administraciones apoyan esta introducción y, por eso, la necesidad del puerto de Granadilla y de Arinaga para la importación de gas natural es un argumento de peso a favor de quienes quieren crear a toda costa las infraestructuras portuarias y gasistas en esas localidades, desde que se presentó el proyecto al FEDER en 1999-2000 (que incluía una estrategia completa prediseñada de implantación en varias fases del gas natural).
Por lo tanto, la elección aquí y ahora no es entre gas sí o gas no. Es entre “gas con puerto y regasificadora terrestre” o “gas SIN puerto NI regasificadora terrestre”. En este momento, la opción con más posibilidades es la primera y es la lucha contra el puerto de Granadilla y la oposición municipal y vecinal en Arinaga lo único que puede impedirlo. Puede que contra el gas esto suponga elegir entre una derrota más dulce o una derrota más amarga; pero contra el puerto y la regasificadora, estas opciones pueden estar separando la derrota de la victoria porque la regasificación off-shore puede disuadir a los organismos financiadores de conceder fondos para la creación de estas infraestructuras, toda vez que existen y funcionan otras alternativas. El sistema off-shore no es novedoso en Tenerife, donde CEPSA lleva décadas utilizando un enlace en el mar para el abastecimiento de combustibles. Pero no sólo se basa en buques regasificadores. Endesa está participando en Livorno (Italia) en una planta de regasificación alejada 20 kilómetros de la costa:
Con todos mis respetos, la coalición contra el gas no juega ningún papel en esta lucha, ni es un movimiento ciudadano, ni tiene alternativas, ni capacidad para oponerse, como sí ocurrió en Vilaflor, donde incluso se pagaron estudios de trazados alternativos, se visitaron instalaciones en Madrid, se ejerció una acción legal de altísimo nivel, etc. La coalición solamente ha presentado unas mociones en los ayuntamientos puramente testimoniales y sin efecto alguno en la lucha que se está librando en Granadilla y Arinaga.
La movilización no es suficiente ni el resultado de la lucha se puede hacer depender solamente de ella, como demuestra el fracaso en Taborno. Hace falta tiempo, una buena acción legal, una información veraz sobre el proceso, un uso masivo y continuo de los medios de comunicación y una estrategia que combine el rechazo con la alternativa y la negociación, pues nadie abandona un camino si no tiene a la vista otros no sólo posibles sino además viables.
Y sobre este punto hay mucho que reflexionar en el actual movimiento ciudadano, porque nos lo están pidiendo a gritos nuestros adversarios con unas críticas que no son otra cosa que la identificación de nuestras propias debilidades.
En Canarias vamos hacia un modelo energético multi-fuente y multi-agente, es decir, hacia distintas formas de generación y distintos competidores en el mercado eléctrico, que en el argot se conoce como diversificación y liberalización. No debemos mitificar beatíficamente las renovables, porque serán las mismas empresas eléctricas las que las implanten, en una lucha de intereses privados por el control, el dominio y la rentabilidad (con Unelco-Endesa, Gascan, Cepsa como principales operadores). En la próxima década, el ritmo de introducción en el mercado canario de los automóviles eléctricos de motor mixto, y la paralela sustitución de los que funcionan con motor de explosión, puede ser más determinante para la reducción de las emisiones contaminantes que la balanza entre renovables y combustibles fósiles en la generación de electricidad.
La supremacía de las energías renovables es un camino a largo plazo que todos aspiramos a recorrer contra los combustibles fósiles, pero no deberíamos ser ilusos pensando que su uso en un modelo semicolonial de relaciones capitalistas como el existente en Canarias no va a tener desventajas ambientales y sociales, desde el punto de vista de la explotación y la dominación.
Me gustaría que mi artículo marcara, efectivamente, un punto de inflexión, porque pienso que en los próximos años la lucha ecologista no debería girar en torno a si se implantan o no las renovables, una vez que estas tecnologías ya empiezan a ser rentables desde un punto de vista capitalista, sino en torno a CÓMO –con qué impacto y con qué limitaciones- se implantan y QUIÉN las implanta –qué facilidades para el acceso de las/los ciudadanos, para los pequeños y medianos productores y/o distribuidores, para la adaptación de edificios, para la iniciativa de las comunidades de vecinos/as, etc.
En una sociedad capitalista, la eficacia y eficiencia social o ambiental de cualquier tecnología, renovable o no, está seriamente menoscabada por la expectativa de beneficio como objetivo máximo de su propietario. El ecologismo es una forma de resistencia, en ausencia de un modelo alternativo de relaciones sociales y económicas, a la expansión unilateral de esa expectativa privada.
Así que, Aureliano, si tú pretendes ser mi Lenin, siento decirte que yo no soy tu Bernstein. El movimiento no lo es todo, pero al objetivo sólo pueden llegar los movimientos que aciertan en su estrategia. Cuando quieras, date un paseo por Anaga. A la sombra del radar de AENA a lo mejor se ve más claro todo.