Las armas químicas utilizadas por los Estados Unidos:
URANIO EMPOBRECIDO, FÓSFORO BLANCO Y 'NAPALM' CONTRA LA POBLACIÓN IRAKÍ


Cuando ya hemos entrado en el cuarto año de la ocupación de Iraq, son muchos los aspectos de esta guerra que aún se ignoran. Uno de estos aspectos sin resolver es el número de víctimas civiles. En octubre de 2004 –hace más de año y medio– el diario médico The Lancet publicó los resultados de una investigación sobre la mortalidad en Iraq antes y después de la ocupación y daba la cifra ‘conservadora’ de 100.000 muertos.
Según The Lancet, “el 84% de las muertes conocidas se debían a acciones de las fuerzas de la coalición”, subrayando que un gran número de ellas correspondían a “mujeres y niños”. Desde la fecha de ese dato la guerra ha doblado su duración y se ha recrudecido, con lo que hay que suponer que las cifras serán muchísimo más altas. Uno de los autores de la investigación de The Lancet , Les Roberts, un epidemiólogo prestigioso y experimentado, señalaba en febrero de este año que podría haber ya 300.000 muertos.
Otro de los asuntos por el que se está pasando de puntillas es el armamento utilizado por las fuerzas de la coalición. Pueden parecer un tanto absurdas las disquisiciones sobre la legalidad o no de las armas empleadas, pero no hay que olvidar que la excusa que usó Estados Unidos para atacar fueron precisamente las armas de destrucción masiva que supuestamente poseía Sadam.
Estados Unidos reconoce haber utilizado en Iraq armamento con uranio empobrecido, fósforo blanco y una variante del napalm, el MK77. Ya desde los bombardeos de 1991 se han denunciado ampliamente y desde distintos frentes las consecuencias gravísimas que el uranio empobrecido tenía entre la población de las zonas afectadas. A pesar del aumento verificado de casos de cáncer, malformaciones genéticas y otras enfermedades, los responsables militares niegan que el uranio empobrecido tenga la más mínima responsabilidad en este incremento. Lo justifican afirmando que el uranio permanece en el lugar del impacto, sin difundirse mucho más lejos y sin llegar a afectar a la población. Por supuesto no tienen la menor intención de renunciar al uso de un material barato y de gran eficacia contra tanques y vehículos blindados.
Son numerosas las advertencias de muchos investigadores que niegan esta explicación. Alfredo Embid, de la Asociación para las Medicinas Complementarias, asegura que este es un problema muchísimo más grave que el de cualquier otro armamento, “con el que pueden decir incluso: mira qué democráticos somos, que lo reconocemos. Sin embargo el uranio, que no es empobrecido, compromete el patrimonio genético de todos, y no solo en Iraq”. Según Embid, incluso en Gran Bretaña se han detectado aumentos en el nivel de radiación desde 2003.
No es fácil conseguir que los grandes medios de comunicación se ocupen de este problema. Sin embargo, esporádicamente algunas informaciones consiguen abrir una pequeña brecha. Las primeras acusaciones se produjeron poco después de comenzada la ocupación de Iraq. El 10 de agosto de 2003, el periódico británico The Independent publicaba las declaraciones de un coronel de los marines en que aseguraba que habían “bombardeado con napalm el puente sobre el Tigris al sur de Bagdad” y añadía “por desgracia había gente, la hemos visto en el video, eran soldados iraquíes. No es una forma agradable de morir, pero los generales adoran el napalm. Tiene un efecto psicológico muy fuerte”.
En realidad las fuerzas estadounidenses han utilizado en Iraq el llamado MK77, una evolución de las bombas incendiarias de napalm utilizadas en las guerras de Corea y Vietnam. En ambos casos se utiliza una mezcla de combustible (keroseno, en el caso del MK77) con una sustancia gelatinosa que se adhiere a la piel y a las superficies en las que impacta.
El Pentágono ha comenzado siempre por negar categóricamente estas acusaciones, que en algunos casos ha tenido que acabar admitiendo. Hace un año la diputada laborista Alice Mahon abandonó el parlamento británico por no querer “formar parte de un Gobierno que lleva a cabo una guerra ilegal y sangrienta contra un pueblo inocente” y al que atribuía una “hipocresía repugnante”. La diputada había preguntado en muchas ocasiones al Ministerio de Defensa si era verdad que Estados Unidos había utilizado armas químicas en Iraq. La respuesta había sido siempre negativa pero el 13 de junio de 2005 recibió una carta en la que se le decía: “Lamento comunicarle que eso no era verdad y que debemos rectificar. Entre el 31 de marzo y el 2 de abril de 2003 se lanzaron en Iraq un total de 30 bombas MK77 contra objetivos militares, lejos de áreas civiles. La bomba incendiaria MK77 no tiene la misma composición que el napalm, pero sí el mismo efecto destructor. El Pentágono nos ha informado que, debido a su escasa precisión, el MK77 no se usa normalmente en zonas en las que hay civiles”.
Las acusaciones contra Estados Unidos se reavivaron hace unos meses a raíz de la emisión de un reportaje de la RAI, la televisión pública italiana, sobre el asalto estadounidense a la ciudad de Faluya en noviembre de 2004. El reportaje ( Faluya, la masacre escondida ) se centraba en la denuncia del uso de armamento con fósforo blanco por parte de las fuerzas de la coalición y aparecían imágenes sobrecogedoras de cadáveres carbonizados pero con la ropa intacta. También se recogían las declaraciones de dos ex marines estadounidenses, uno de los cuales (Jeff Englehart) había participado en la batalla de Faluya y afirmaba categóricamente que EEUU había utilizado el fósforo blanco y había llevado a cabo un homicidio masivo.
El fósforo que ilumina y abrasa
El fósforo blanco arde espontáneamente en el aire formando un compuesto, el pentóxido de fósforo, que reacciona fácilmente con el agua, por lo que al entrar en contacto con los tejidos del cuerpo humano los deshidrata y produce quemaduras extensas, profundas, dolorosas e irreversibles. Militarmente es aceptado su uso para iluminar posibles objetivos y formar pantallas de humo.
Después de la emisión del reportaje en Italia el Pentágono volvió a negar una vez más las acusaciones y se justificó asegurando que el fósforo blanco se había utilizado únicamente para ocultar las tropas. Sin embargo, tuvo que rectificar al salir a la luz una publicación del propio ejército norteamericano en que se probaba su uso como arma contra las personas. El ejemplar de marzo de la revista Field Artillery , lleva por título La batalla por Faluya , que definen como la más encarnizada desde la de Hue City en Vietnam en 1968. En el apartado dedicado a la munición utilizada un párrafo dice literalmente: “El fósforo blanco resultó ser una munición muy eficaz y versátil. La usamos para tareas de ocultamiento y después, en la batalla como una potente arma psicológica contra los insurgentes en las trincheras... usamos el fósforo blanco para hacerles salir de sus escondites y explosivos para matarlos”.
Título original: 'Las armas químicas de George W. Bush
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Rosa Martínez
A pesar de que la excusa para entrar en Iraq fue la existencia de armas de destrucción masiva (con especial hincapié en las armas químicas), innumerables testimonios y trabajos de investigación documentan el uso masivo del ejército de EEUU sobre población civil de uranio empobrecido, fósforo blanco y una variante del napalm, el MK77.
"Según The Lancet, el 84% de las muertes conocidas se debían a acciones de las fuerzas de la coalición”, subrayando que un gran número de ellas correspondían a mujeres y niños"
"Las fuerzas estadouniden-ses han utilizado en Iraq el llamado MK77, una evolución de las bombas incendiarias de napalm utilizadas en las guerras de Corea y Vietnam"
"El reportaje Faluya, la masacre escondida se centraba en la denuncia del uso de armamento con fósforo blanco por parte de las fuerzas de la coalición y aparecían imágenes sobrecoge-doras de cadáveres carbonizados pero con la ropa intacta"