LA VIRGEN DEL PINO, PATRONA FACCIOSA
Las magnas reuniones fascistas con dispositivo militar y ornamentación religiosa ofrecieron en Gran Canaria otros exponentes en dicha coyuntura, aunque ninguna alcanzara la plasticidad de las de enero de 1937, por obra, en gran medida, del inspirado genio de quien pintó el Poema del Mar. El 14 de febrero fue Acción Ciudadana, dirigida por el comandante Andrés Pérez Corrales, la que desarrolló un encuentro en Teror para dejar al cuerpo bajo el patronazgo de la Virgen del Pino y consagrar su blasón. Numerosos automóviles condujeron a sus milicianos voluntarios desde el Cuartel de Matas hasta la Villa Mariana, donde entraron en bizarra revista hasta el santuario parroquial, en cuyo acceso central se había colocado el trono de la Patrona de la Isla. La Banda del Regimiento de Infantería tocó la Marcha Real, acompañada por fragmentos de zarzuelas, antes y después de la misa de campaña que solemnizó el vicario capitular Pedro López Cabeza. Un "artístico dosel", en el cual "resaltaban bajo un enorme pabellón los colores nacionales", cubría toda la fachada de la iglesia. Tras la bendición del vicario y la alocución del comandante en jefe, el abanderado recibió la oriflama de la madrina Ana María Morales Ramos, ataviada con la clásica mantilla española. Desde el balcón de la casa Manrique de Lara, el párroco Antonio Socorro Lantigua lanzó un "patriótico discurso" con acentos bélicos: "La Virgen del Pino, dice, es el sostén de nuestros soldados en el campo de batalla, y su protección es tan manifiesta, que constantemente piden se les envíen medallas de nuestra Virgen, pues hasta los moros, contagiados, exclaman ¡Dame Pino, dame Pino!" El postrer monseñor Socorro terminó implorando bendiciones "para la Madre España, para su ilustre Caudillo el General Franco y para el Ejército". Ante su flamante protectora desfilaron unos 400 hombres de Acción Ciudadana con armamento y otros 200 sin armas, "no pudiéndolo hacer los demás por no disponer de uniformes".
Otras "fervorosas manifestaciones de religiosidad y patriotismo" se prodigaron a lo largo de la guerra civil en el Archipiélago, reveladoras del "profundo sentido religioso de la Nueva España". La diócesis Canariense recibió de manera entusiasta el Alzamiento y enseguida le dio cobertura ideológica. Con motivo de la reposición de los crucifijos en las Escuelas Nacionales, el presbítero Juan Díaz Rodríguez atacó el 1 de octubre de 1936 en Santa Brígida cualquier brote de laicismo y denunció "los satánicos designios criminales" de los gobiernos republicanos, cuyo "negro paréntesis de ignominia y de baldón tocó a su fin el glorioso día 18 de julio". Al final de su perorata rogó a los feligreses que dieran vivas, entre otros, a Cristo Rey, al Ejército, a las Patrióticas Milicias de Voluntarios y a la "gloriosa" Falange Española. El titular de la parroquia de San Ginés en Arrecife de Lanzarote, Juan Ramírez Hernández, demandó desde el púlpito que a "las rojas" les extirparan el vientre para que "no parieran demonios", según nos confesó nuestra abuela materna Magdalena Navarro Wood, de un catolicismo auténticamente cristiano.
La plena fusión entre "La Patria y la Fe", con amalgama "de penitentes y milicianos", "de cirios y fusiles", hizo acto de presencia durante la procesión del Cristo de Telde el 17 de enero de 1937 o en las inmediatas funciones religiosas de Guía en honor de San Sebastián, "para interpretar el triunfo de la noble causa nacionalista de la salvación de nuestra madre España, que acaudilla el glorioso General Franco". A finales de mayo, el párroco de Tafira Alta Bartolomé Hernández bendijo con pompa la bandera de las Milicias de Flechas, ante la Jefa Provincial de la Sección Femenina de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Por entonces ya se había publicado el libro Isla Azul del cura Pablo Artiles, mediocre escritor y peor docente (nos consta, porque lo sufrimos), conspicuo delator policial hasta épocas tardías, cuyo "itinerario sentimental" por reductos y paisajes grancanarios no tuvo, evidentemente, un cromatismo inocente a esas alturas. El joven letrado Gabriel de Armas, de "recios ideales católicos", clamaba al unísono en Acción contra "la canalla roja" y "el reptil inmundo del marxismo". Y el columnista Cuervo González, desde Falange, pregonaba que la Iglesia estaba en posesión absoluta de "la Verdad".
PILDAIN REVISADO
El nombramiento como titular de la diócesis del doctor Antonio Pildain y Zapiain fue acogido con júbilo por la Junta Regional Carlista de Guerra, encabezada por Domingo Tejera Quesada, Luis Doreste Morales y Joaquín María Aracil Barra. A su llegada al Puerto de La Luz el 19 de marzo de 1937 lo recibió igualmente una Comisión del Requeté Provincial. En las semanas posteriores evidenció sus simpatías con el tradicionalismo e incluso con otras familias políticas del bando "nacional", aglutinadas al fin por el Decreto de Unificación. Al bendecirse en Guía el estandarte municipal de Acción Ciudadana el 11 de abril, el nuevo obispo pronunció la homilía de la misa de campaña frente a representaciones de Falange, del Requeté y de Acción de la Zona Norte. El día 17 acudió a los funerales por los falangistas muertos "en su lucha por la liberación de España", que en la catedral ofició el arcipreste López Cabezas, acompañando a las autoridades y a los cónsules de Alemania, Italia y Portugal; en representación de la Unión Británica de Fascistas concurrió míster Cecil C. D. Pavillard. A petición de algunos manifestantes, hasta salió del palacio episcopal a fin de festejar la caída de Bilbao en manos "nacionalistas".