Ensayo contra la destrucción del patrimonio canario
  Jesús Giráldez Macía - Canarias-semanal.com
TINDAYA: EL PODER CONTRA EL MITO
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       El siguiente ensayo -Tindaya: el poder contra el mito - fue publicado en Artemisa Ediciones, una joven y atrevida editorial canaria, en marzo de 2005. En aquel momento, mientras se presentaba la obra en Fuerteventura y otras islas, el poder había facilitado - en un nuevo y engorroso proceso de dudosa legalidad lleno de arbitrariedades y favoritismos- la realización de los sondeos geotécnicos que definieran la viabilidad o no (esta última posibilidad descartada de antemano) de que la Montaña de Tindaya soportase en su seno la disparatada propuesta pseudo artística de Chillida. Como no podía ser de otra manera, los sondeos han dicho que sí, que pa´lante, que la Montaña aguantará eso y lo que le echen mientras genere dividendos privados a partir de nuestros dineros públicos. A esos sondeos y otros acontecimientos que han sucedido después de publicado el ensayo nos referiremos, brevemente, en este capítulo extra. Pero antes, algunas consideraciones que creemos necesarias.
 
 
Sobre el uso público de Tindaya: el poder contra el mito
 
        En el texto publicado advertíamos que el ensayo en cuestión estaba sometido al copyleft. Como muchas personas sabrán, el copyleft es una propuesta desarrollada, entre otros, por el colectivo Wu Ming (ver www.wumingfoundation.com) que pretende conjugar los denominados derechos de autor con el derecho (y deber) de acceder y compartir cualquier creación cultural o artística, a partir del convencimiento de que los creadores son meros (y a veces esmerados) intermediarios entre el bagaje cultural e intelectual colectivo -forjado en los caminos de la evolución histórica- y el público.
 
        El copyleft sobre los libros implica la autorización para que se pueda obtener una copia del texto siempre y cuando no tenga por objeto el lucro u otros intereses económicos. Al igual que las obras editadas por el colectivo Wu Ming, hemos considerado una necesidad y una obligación distribuir libremente el ensayo en el ciber espacio. No queda, pues, prohibida su reproducción ni total ni parcial; al contrario, alentamos a su divulgación y distribución pública respetando la procedencia de la fuente.
 
        Tindaya: el poder contra el mito forma parte de la obra colectiva i-dentidad que, como se argumenta en su presentación, pone en tela de juicio el tratamiento oficial de aquello que se ha dado en llamar la identidad canaria. Se trata de una obra ambiciosa que dedica este primer tomo a algunas cuestiones controvertidas de la identidad canaria referidas a nuestros tiempos pre-coloniales. La mayoría de los artículos y ensayos demuestran no sólo la manipulación sino hasta la invención contemporánea de algunas señas de identidad de nuestro pasado.
 
        En el caso de Tindaya la visión del autor es precisamente la contraria: para una vez que se constata la existencia de una seña de identidad evidente -preferimos llamarlo, en este caso, mito- el poder hace todo lo posible por suprimirla anteponiendo e imponiendo la idea -dicen que el sueño- de un escultor vasco que modificará y descontextualizará definitivamente uno de los espacios más emblemáticos -y paradójicamente más protegidos- de nuestro patrimonio cultural y natural.
 
        Recomendamos, con independencia de que usted acceda a este ensayo virtualmente, la compra y lectura del libro que contiene tan, a nuestro juicio, irreverentes e indispensables propuestas alternativas a la versión oficial. También solicitamos que contacte con el autor para cualquier sugerencia, crítica u ofrecimiento a través del correo electrónico amanay@ozu.es
 
 
Agradecimientos y otras consideraciones
 
        Este ensayo es el resultado de un esfuerzo colectivo que emprendieron personas anónimas y conocidas, colectivos ecologistas y miembros de la comunidad científica canaria desde hace más de veinticinco años cuando los grabados podomorfos de Tindaya fueron "redescubiertos". El autor se ha limitado a consultar la, por otro lado abundante, documentación existente con respecto a la Montaña de Tindaya y sus polémicas, y a ordenar y ofrecer una hipótesis que considera es el reflejo de todas las personas que han luchado altruistamente en contra de la destrucción de nuestra montaña: Tindaya es un bello espacio natural construido culturalmente que no precisa de artificios pseudo artísticos ni de obras faraónicas para potenciar sus valores (despreciados sistemáticamente por las instituciones).
 
        Todas esas personas son, de alguna manera, coautoras de este ensayo aunque, como es obvio, no las hacemos responsables ni de los déficits ni de los errores ni de los planteamientos personales en él contenidos.
 
        El ensayo incluye múltiples referencias textuales obtenidas de la base documental consultada. Se ha querido poner en boca de los actores sus propias manifestaciones: por un lado las de los personajes inductores de la obra megalómana -casi todos políticos; y, por otro, extractos de declaraciones de diferentes personas -voces autorizadas sobre los valores de la Montaña de Tindaya- que se han opuesto al atentado cultural y natural que se pretende afrontar (y financiar con nuestro dinero).
 
        Una última apreciación, este ensayo es, en sentido literal, tendencioso. Está dirigido a una finalidad manifiesta: impedir el asesinato contemporáneo de un mito ancestral en manos de un mito artificioso, intentar frenar la destrucción -inducida por una enorme cueva con firma particular- de la belleza natural que despliegan los contornos de una montaña. El autor quiso liberarse de prejuicios y acceder al estudio de los valores y a la controversia tindayana intentando considerar la propuesta de vaciado de la Montaña como algo posiblemente positivo para Fuerteventura, para nuestro patrimonio y, como aseguran sus defensores, legando a Canarias y al mundo una obra artística, monumento de la tolerancia. A la vista está que los resultados fueron los contrarios: los post-juicios fueron más contundentes que los juicios apriorísticos y, sinceramente, se ha llegado a la conclusión de que el motor que mantiene viva la idea de vaciar la Montaña de Tindaya se nutre de un combustible altamente contaminante, mezcla de insensatez, ignorancia y agiotaje.
 
 
Tindaya: el poder contra el mito. Últimas (y lamentables) noticias 
 
        En enero de 2005, cuando ya se encontraba en imprenta el libro que contiene este ensayo, se iniciaron los sondeos geotécnicos que debían avalar la obra imaginada por Chillida y, bueno es aclararlo, no específicamente ideada para Tindaya.
 
        Los sondeos fueron encargados a la empresa Estudios Guadiana -juez y parte de la futura obra- en un procedimiento administrativo inverosímil pero utilizado corrientemente por los poderes públicos canarios: no se adjuntó -a pesar de afectar a un espacio natural protegido- una declaración de impacto ambiental detallada (como manda la ley); no se reunió el patronato insular de espacios naturales ni emitió informe, como es preceptivo; el informe emitido por el departamento de patrimonio histórico del Cabildo Insular contenía grandes deficiencias (no realizaba referencias a varios yacimientos arqueológicos conocidos e inventariados de la Montaña) y reconocía la posible afección de los paneles de grabados ya de por sí bastante deteriorados; no fue nunca sometido al necesario periodo de información pública; la Dirección General de Minas tampoco emitió el informe obligatorio y, sobre todo, fue otorgada sin concurso público a la empresa adjudicataria, en un acto de dudosa legalidad y de certeza anti-ética que ha quedado, como se acostumbra en el paraíso ultraperiférico de la corrupción, impune.
 
        Pero la realización de los sondeos destapó otras miserias y connivencias y, también, algunas constataciones de que las disidencias permanecen vivas: el día de la presentación a pie de Montaña de los artificios tecnológicos que debían taladrarla, numerosas personas manifestaron, con un respeto no recíproco, su oposición a que nuestro patrimonio sufriera una nueva agresión institucionalizada. Como respuesta, el Presidente del Cabildo majorero, antaño defensor de otras montañas, manifestó que los insumisos a la destrucción no son más de quince.
 
        Es obvio que la razón no requiere de apoyos contables sino de argumentaciones motivadas, pero también es obvio que el presidente del Cabildo de Fuerteventura tiene graves dificultades instrumentales en el campo de las matemáticas. (1) 
 
        Con el apoyo del poder,  los Estudios Guadiana -subvencionados con casi 1'5 millones de euros para acometer los sondeos- comenzaron a desangrar la Montaña. Para ello hicieron una puesta en escena digna de los espectáculos holliwodienses, en donde los helicópteros jugaban un papel preponderante puesto que, a pesar de que se suponen habían sido contratados para subir material a la cima, su uso más conocido fue el de realizar paseos a políticos y demás VIPs, en un moderno safari de altos vuelos para observar la presa desde arriba. Cada hora de vuelo costó unas doscientas mil pesetas de nuestro dinero público ejerciendo, además, una competencia desleal con nuestras brujas de toda la vida cuyas escobas pasan por ser el primer medio de locomoción limpio y sostenible.
 
        Todo lo que toca el capitalismo lo convierte en mercancía. Da igual que tenga aspecto de Montaña, de puesta de sol, de arte para la tolerancia o de persona. Nos compramos y nos vendemos y de esa transacción alguien obtiene provecho, a veces, hasta el propio diablo que se lucra de tanta alma con precio.
 
La realización de los sondeos fue posible gracias a la inestimable ayuda, entre otros, de dos científicos ibéricos, personalidades relevantes del mundo de la ecología oficial. Ambos realizaron declaraciones muy clarificadoras y que dan una idea muy aproximada de su gran valía profesional y de su amor a la madre tierra.
 
        Uno de ellos, Santiago Hernández Fernández, ex presidente de un colectivo ecologista desconocido por estas latitudes, firmó la declaración de impacto ambiental que posibilitó la ejecución de los sondeos. Las declaraciones de impacto ambiental -realizadas por empresas privadas y pagadas por otras empresas privadas- siempre confirman la propuesta de realización de cualquier acto infame contra nuestra naturaleza aunque ello implique, como es la ocasión, la ejecución de los mayores despropósitos. Pero este ecologista y científico de renombre que probablemente era la primera vez que venía a Fuerteventura -no consta en nuestros registros su docta presencia- manifestó (para acabar de encharcarla) que el patrimonio natural de Fuerteventura está destrozado. Y nadie ha hecho ni hace nada para evitarlo. Sólo protestan por Tindaya. (Sobran comentarios sobre un comentario tan falso, hiriente, desafortunado, e indigno).

        Otro personaje proveniente de los despachos ecológicos se prestó como asesor ambiental (o sucedáneo) para que los Estudios Guadiana pudiera perforar nuestro patrimonio. Francisco Díaz Pineda, a la sazón catedrático de ecología y presidente de ADENA, una de las asociaciones conservacionistas más conocidas del estado, y cuyas siguientes argumentaciones explican su profundidad intelectual: al principio me mostraba contrario a la obra de Chillida pero, una carta (seguramente muy tierna y muy sentida) del escultor, me convenció.
 
        No diremos que vendieron su alma al diablo, porque la intangibilidad lo desaconseja, pero ¿cuánto cobraron por vender su fuerza de trabajo al proyecto de agujerear nuestro patrimonio natural y cultural? En el mundo de la ecología deberíamos empezar a ofrecer una nueva taxonomía que pudiera incluir las subespecies de defensores de la naturaleza que, iluminados por los destellos del euro, acaban hibridando nuestro futuro. 
 
        Santiago Hernández y Francisco Díaz Pineda tienen publicado un texto denominado "Evaluación Ambiental de Tindaya" elaborado hace ya algunos años y sólo aconsejable para los estómagos ecologistas más encallecidos. Dicen sus primeras líneas:
 
       El proyecto de creación de un "espacio interior" en la montaña Tindaya (en la isla canaria de Fuerteventura), ha generado una cierta polémica en un sector minoritario de las islas, de la que se han hecho eco los medios de comunicación.
 
 
Comentario de Texto:
 
        Los autores, reconocidos científicos naturalistas de Madrid y Cáceres, utilizan en estas líneas introductorias una suerte de artificios lingüísticos y giros literarios cuya finalidad es, en nuestra modesta opinión, predisponer a los lectores a pensar que cualquier crítica a la ocurrencia de transformar este espacio protegido debe ser obviada.
 
        Parten de un presupuesto falaz: El proyecto de creación de un "espacio interior"  es una frase eufemística cuya traducción literal podría ser: El proyecto de vaciado…porque, que sepamos, vaciar del interior de una montaña toneladas de piedra dista de ser un proyecto creativo. De hecho, esa misma montaña ya tiene antecedentes visibles de otros "proyectos de creación". El texto, no obstante, no aclara como crear un "espacio interior" sin que afecte a su "espacio exterior". Nos preguntamos: ¿Cómo entrarán las máquinas creadoras de espacios interiores?
 
        Las siguientes palabras muestran el manifiesto desconocimiento de los autores con respecto al lugar que, se supone, han de evaluar ambientalmente: en la montaña Tindaya (en la isla canaria de Fuerteventura). La montaña Tindaya no existe. La confusión entre el pueblo de Tindaya y su montaña no es nimia puesto que certifican un grado de ignorancia del terreno sobre el que se actuará que asusta hasta a las lagartijas que recorren sus laderas. Tampoco se trata de un ejemplo de economía del lenguaje (no hay motivo para ello), ni de un desliz formal (impropio de personas tan cultas y refinadas), ni de un recurso literario que intente sintetizar en un término todo un cuerpo ideológico o las derivaciones públicas que faciliten al lector o lectora la comprensión del contenido. Sirva como ejemplo la denominación del Caso Tindaya, cuyo uso sí simplifica la trama especulativa en torno a la Montaña. Desde nuestro entender, montaña Tindaya es un ejemplo de pura ignorancia.
 
        Lo contenido entre paréntesis  en la isla canaria de Fuerteventura, nos sugiere que los autores no provienen -ni residen- en este archipiélago -es decir, en el lugar en donde su actuación profesional amparará la modificación sustancial de su patrimonio. Pero, sobre todo, explica que ese texto no está realizado para las instituciones canarias ni para sus habitantes sino para instituciones o personas allende mares puesto que a ninguna persona de estas ínsulas se le ocurriría referirse a Fuerteventura como isla canaria, ya que tal condición es conocida -incluso desde el nivel preescolar- por sus habitantes.
 
        Continuamos: ha generado una cierta polémica en un sector minoritario de las islas. Esta oración admite distintas lecturas. Por un lado está lo insólito de incorporar en la introducción de un texto de evaluación ambiental un comentario de tal índole; es como si los autores se disculpasen de antemano de la herejía científica que cometen apoyando la modificación de un espacio natural protegido. Por otro lado, toda la redacción de esta frase tiende a minimizar la importancia de la gran defensa social por la conservación de la Montaña de Tindaya y la notoria disconformidad pública con su proyecto de vaciado. En el curso de ética periodística, esta frase debería ser sustituida por: ha generado una contundente oposición de la comunidad científica canaria, de todos los colectivos ecologistas canarios y de una parte importante de la sociedad de las islas.
 
        Y, por último, la extraña inclusión de una frase - de la que se han hecho eco los medios de comunicación -  pudiera parecer inocua pero su presencia pretende activar a quien la leyera a que la trascendencia pública de las protestas contra el atentado natural y cultural es cosa de los medios que -seguramente en un afán de buscar titulares polémicos- han dado cobertura a los rebeldes sin causa.
 
 
Un producto en venta
 
        Contrarrestar toda referencia informativa contraria al vaciado de la montaña de Tindaya ha sido, precisamente, el último gran esfuerzo realizado por los poderes pro monumentales. Durante la presentación pública de las estrategias para realizar los sondeos geotécnicos se impidió, por parte del jefe de prensa del Cabildo Insular de Fuerteventura, la presencia de cualquier persona que "no estuviese acreditada". Se trató de un hecho insólito y sin precedentes en una isla en donde la participación ciudadana de los actos públicos realizados en lugares públicos nunca antes había sido censurada.
 
        Días antes, las instituciones canarias habían diseñado un episodio que supuso un salto cualitativo a todas las extravagantes circunstancias que conforman el anecdotario y el bestiario del caso Tindaya. En la feria internacional del turismo (FITUR) celebrada el año 2005, la Consejería de Turismo del gobierno ultraperiférico y el Cabildo majorero (más periférico aún), presentaron en sociedad al que iba a ser, a partir de esos momentos, el referente mediático del Proyecto Monumental, Jesús Ortiz.
 
        Las virtudes por las que fue elegida una persona totalmente desconocida hasta hace muy poco se resumen en una: es el padre de Leticia Ortiz, la princesa de los españoles monárquicos. Todo un golpe de efecto que, probablemente, incluiría al Proyecto de Chillida en el lugar mediático que le faltaba: en la prensa del corazón y otras vísceras innombrables. Pero la contratación de los servicios del consuegrísimo destila el grado de embriaguez moral en la que se encuentra imbuida la élite monumentaloide. ¿Cuál será el siguiente escalón propagandístico? ¿Anunciarán el proyecto de vaciado en la pasarela Cibeles? Quizás optarán por los avances de última generación tipo: Envía politono al  0036 (número de millones de euros que ya se han gastado, sin iniciarse las obras) y descárgate la melodía Antes muertos que sin Chillida.
 
        Durante la realización de los sondeos se prohibió el acceso a la Montaña a-toda-persona-ajena-a-la-obra. Cuando concluyeron las perforaciones y por fin se pudo subir libremente (eso sí, sin helicóptero), las evidencias del paso de las máquinas y humanos poco sensibles eran patentes. A raíz de ello se realizó una denuncia en la Agencia de Protección del Medio Urbano y Natural, aportándose documentación gráfica. Tal denuncia fue enviada a los medios de comunicación y, algunos de ellos la publicaron o emitieron. En los días siguientes los profesionales de esos medios recibieron numerosas censuras institucionales por atreverse a divulgar una noticia tan contraria a los intereses faraónicos.
 
        El informe de los resultados de los sondeos que, recordemos una vez más, fueron pagados con dinero de la colectividad canaria, no se han hecho públicos. La noticia de que los sondeos confirmaban la posibilidad de agujerear la Montaña fue divulgada en exclusiva por un periódico madrileño. Al día siguiente el presidente del Cabildo de Fuerteventura sin esperar si quiera a leer el informe inédito declaró que esa es la noticia que Fuerteventura estaba esperando, en una acostumbrada simbiosis declaratoria al considerar que toda una isla habla por su boca. El Presidente fue más allá y exultante dio rienda suelta a  su euforia: ya nos hemos puesto en contacto con Estudios Guadiana y les hemos comunicado que vayan avanzando el proyecto para la obra.
 
        El dinero no será problema porque, según sus declaraciones o las de su vicepresidente, el socialista Domingo Fuentes, la obra se hará cueste lo que cueste.
 
 
Notas:
 
(1) Sería largo ofrecer aquí una relación completa de tantas personas que se han opuesto y se oponen a la destrucción de la Montaña de Tindaya. A lo largo del ensayo se incluyen los nombres de muchas de esas personas. Baste decir que la gran mayoría de la comunidad científica relacionada con los valores de la Montaña, todos los colectivos ecologistas de Canarias y 180 de todo el Estado, han mostrado su absoluta discrepancia con la obra de Chillida, a lo que habría que añadir un sinfín de personas anónimas y hasta una importante representación -cuantitativa y cualitativa- del mundo del arte.






   Jesús Giráldez Macía, autor del ensayo: 'Tindaya, el poder contra el mito' - cuya versión digital ha puesto a disposición de los lectores de Canarias-semanal.com - presenta brevemente este trabajo. Recientemente, se publicaba la noticia de que los sondeos confirmaban la posibilidad de agujerear la montaña de Tindaya. El presidente del Cabildo majorero, por su parte, se ha mostrado decidido a que la obra se realice 'cueste lo que cueste'. Este proyecto del desaparecido escultor vasco Eduardo Chillida - dice Giráldez Macía - modificaría  y descontextualizaría,  definitivamente, uno de los espacios más emblemáticos de nuestro patrimonio cultural y natural. El suyo es, por tanto, un ensayo con una finalidad manifiesta: 'Impedir el asesinato contemporáneo de un mito ancestral, en manos de un mito artificioso; e intentar frenar la destrucción de la belleza natural que despliegan los contornos de una montaña'.
 
"Tindaya: el poder contra el mito forma parte de la obra colectiva i-dentidad que, como se argumenta en su presentación, pone en tela de juicio el tratamiento oficial de aquello que se ha dado en llamar la identidad canaria.  La mayoría de los artículos y ensayos demuestran no sólo la manipulación sino hasta la invención contemporánea de algunas señas de identidad de nuestro pasado"




"Se ha querido poner en boca de los actores sus propias manifestaciones: por un lado las de los personajes inductores de la obra megalómana -casi todos políticos; y, por otro, extractos de declaraciones de diferentes personas -voces autorizadas sobre los valores de la Montaña de Tindaya- que se han opuesto al atentado cultural y natural que se pretende afrontar (y financiar con nuestro dinero)"






"Los sondeos fueron encargados a la empresa Estudios Guadiana -juez y parte de la futura obra- en un procedimiento administrativo inverosímil pero utilizado corrientemente por los poderes públicos canarios"


"Se ha querido poner en boca de los actores sus propias manifestaciones: por un lado las de los personajes inductores de la obra megalómana -casi todos políticos; y, por otro, extractos de declaraciones de diferentes personas -voces autorizadas sobre los valores de la Montaña de Tindaya- que se han opuesto al atentado cultural y natural que se pretende afrontar (y financiar con nuestro dinero)"