En 1936 las autoridades militares franquistas establecieron dos campos de concentración, en los que varios centenares de presos republicanos fueron sometidos a las más crueles vejaciones y torturas. No pocos de ellos perdieron la vida en estos lugares siniestros, víctimas de palizas o ejecuciones sumarias ordenadas por los militares rebeldes. Un testigo excepcional de esos hechos fue Domingo Valencia. Con tan solo dieciséis años fue condenado por un Consejo de Guerra a 16 años de prisión por el terrible delito de defender la legalidad republicana. Sus compañeros de proceso no tuvieron una suerte similar: fueron condenados a muerte y, algunos de ellos, ejecutados. En este vídeo-reportaje, uno de los últimos testigos de aquellos campos de la muerte da testimonio de la tragedia que vivió hace más de siete décadas. VER VÍDEO 